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La
cerca de
Felipe II protegerá
de nuevo El Escorial
La Comunidad de Madrid declara
Territorio Histórico predios de diez
municipios para frenar el caos urbanístico
R. Fraguas, Madrid. 2/4/2005.
El desenfreno constructor e inmobiliario en torno a El Escorial
tiene
los días contados. Al menos así
lo anuncia el Gobierno regional
de la Comunidad de Madrid. A
través de su Dirección General de
Patrimonio, que regenta Javier
Hernández, en próximas fechas
va a proponer al pleno de la Asamblea
regional la declaración de Territorio
Histórico del área demarcada
por la Cerca Histórica, trazada
por Felipe
II
en torno al Escorial
hace 433 años. El área, cuyo
patrimonio cultural, artístico y natural
quedará a partir de ahora
protegido frente al descontrol urbanístico
allí imperante, incluye
un perímetro de setenta kilómetros
de circunferencia cuyo centro
imaginario se sitúa en San Lorenzo
de El Escorial. Abarca predios
correspondientes a términos de
diez municipios circundantes.
Además del propio término de
San Lorenzo, el de Santa María
de la Alameda y la villa de El Escorial,
la protección integrará zonas
de Zarzalejo, Valdemorillo, Alpedrete,
Galapagar, Collado Villalba,
Colmenarejo y Guadarrama.
Todos ellos se encontraban
históricamente
interconectados mediante
una cerca o tapial.
Muchos de
sus paños aún se conservan, si
bien en numerosos otros puntos se
encuentra arruinada, cuando no
ha desaparecido por completo.
Medía entre diez y doce pies de
altura, ocupaba unas diez leguas
de circunferencia y contenía en su
interior caseríos, alquerías, ermitas,
puentes, ríos y dehesas. La cerca
fue desplegada a partir de 1562
por el rey Felipe
II
en torno a las
fincas que él iba adquiriendo alrededor
del futuro Real Sitio que
proyectaba edificar en la falda meridional
de la Sierra de Guadarrama,
bajo el monte de Abantos.
Quería conmemorar con un monasterio
la victoria de las armas
hispanas sobre Francia en la batalla
de San Quintín.
Así, Felipe
II
compró desde la finca de La Herrería, contigua al lar
mismo del monasterio, con el
propósito de dotar a los monjes
Jerónimos de un espacio de huertas
para su sustento, hasta La
Granjilla
o la finca el Monesterio,
entre otras
muchas, que adquirió
al duque de Maqueda con el objeto
de garantizarse cazaderos donde
practicar una de sus aficiones
favoritas, la cinegética. De
tal manera, el Sitio de San Lorenzo de El
Escorial se aseguraba un
contorno perimetral
que lo blindaba para
permitirse los reyes instalar allí
no únicamente la Corte
durante prolongadas
temporadas del año,
sino también, el solaz de descanso
y tranquilidad congruente
con los
enterramientos reales que Felipe
II
dispusiera realzar allí con monarcas y reinas de su dinastía.
Aquellas cautelas diseñaron un
contorno que los registros catastrales
denominaban cotos redondos,
donde se introdujeron
pautas
de
planificación
rural y urbanística,
racionalizadas durante el reinado
de Carlos
III,
ya en el siglo
XVIII.
El caso es que tal paleo-planificación
había singularizado
la vida en el
área escurialense con una alta calidad y gratitud, perpetuada
varios siglos, de tal modo que san Lorenzo era considerado como
uno de los centros veraniegos más privilegiados del país. Sin
embargo, la enorme presión inmobiliaria experimentada durante
los últimos años llevó a numerosas organización ciudadanas y
ecologistas a alertar a las autoridades estatales y regionales
de los quebrantos urbanísticos perpetrados en la zona. Así, la
expansión bajo la falda sotomontana que conecta San Lorenzo con
Guadarrama, asistió a un proceso de construcción que muchas de
estas organizaciones consideraron que culminaría en la
colmatación de un paraje de extraordinaria belleza y bonanza.
Desde hace trece años, las protestas vecinales fueron in
crescendo, sin que se apreciaran medidas encades de control.
Ahora, según anuncia el director general de Patrimonio de la
Comunidad de Madrid, Javier Hernández, "con la proliferación de
comisiones de Patrimonio en los municipios comprendidos dentro
de la nueva catalogación, se puede poner coto al descontrol, ya
que esas comisiones, de las que formarán parte representantes de
las consejerías Cultura y Urbanismo y Medio Ambiente, a través
de delegados de las direcciones generales de Arquitectura,
Vivienda y Urbanismo, tendrán competencias de tutela, consulta y
ejecución para dictaminar favorable o desfavorablemente los
proyectos propuestos para la zona, ya muy limitados por la
normativa nueva".
Y añade: "Satisfacemos así las recomendaciones de la Unesco 'a
propósito de El Escorial, declarado Patrimonio de la
Humanidad".
De Cuelgamoros
a Cuelgamuros
R. Fraguas, Madrid. 2/4/2005.
Javier Hernández, director general de Patrimonio de la Comunidad
de Madrid, asegura que el Gobierno regional no va a inmiscuirse
en la gestión del Valle de los Caídos. "Es competencia de
Patrimonio
Nacional", precisa. Su precisión viene a cuento: en una de las
fincas adquiridas en 1562 por Felipe II, ahora integradas en el
espacio a punto de ser declarado Bien de Interés Cultural
catalogado como Territorio Histórico, se hallaba el valle de
Cuelgamoros, denominación medieval que, con el tiempo, fue
trocada por la de Cuelgamuros. Es el paraje que alberga el Valle
de los Caídos. Este monumento funerario incluye una cruz de 150
metros de altura flanqueada por estatuaria de orden gigante,
obra de Juan de Ávalos, bajo las que se encuentra una basílica
perforada hasta 261 metros con un túnel de 26 metros de
anchura, en el risco de La Nava. En su construcción trabajaron
presos políticos. Alberga una abadía benedictina y una
hospedería. El Valle de los Caídos es objeto hoy de una
polémica sobre la eventual creación, en sus instalaciones, de
un centro de interpretación del franquismo. Algunos sectores de
la derecha recelan de la iniciativa por considerar que revisa
una etapa histórica que ellos consideran zanjada. De los más de
33.000 restos de caídos católicos de ambos bandos enterrados en
sus capillas —bajo custodia de los benedictinos—
el único sepultado
que no murió en la Guerra Civil fue Francisco Franco: falleció
en la clínica la Paz en noviembre de 1975. Ya él, en 1941,
decretó instalar en Cuelgamuros un monumento "a los caídos y
héroes de nuestra Cruzada", escribía a Carmen, hermana de José
Antonio Primo de Rivera, fusilado en 1936 y sepultado en el
Valle en 1959.
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